El desapego

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El mundo de las emociones regido por los deseos es una etapa en el camino de la evolución que debe ser trascendida para logar la libertad plena. Cada emoción lleva en sí misma implícito un deseo, como por ejemplo la tristeza el deseo de muerte, el odio y el resentimiento el deseo de venganza y así podríamos continuar descubriendo cual es la fuerza oculta que maneja el complejo entramado del corazón.

El deseo es el motor que mueve a la humanidad; de él surgen los impulsos creadores que alimentados por la emoción correspondiente tomarán forma física en el mundo material. Y al igual ocurre con los impulsos destructores.

El cuerpo emocional es llamado también cuerpo de deseos y vincula al hombre con otros planos dimensionales creando lazos que le mantendrán atrapado más allá de la muerte. Esto significa que un deseo no satisfecho en vida o un apego, siguen vivos después de morir, encadenando a su progenitor a su propia creación e impidiendo la liberación definitiva del alma. El tránsito del alma a la salida del cuerpo se realiza de forma perfecta cuando no tiene cordones energéticos que la aten al mundo de la materia.

El apego es una energía de dependencia de algo o alguien difícil de romper por el vínculo emocional establecido en esa relación que se vuelve adictivo. Somos esclavos de nuestros apegos a veces tan absurdos como de pequeñas cosas de las que no nos queremos desprender. La ambición de acumular, de poseer, de no soltar, paraliza el flujo de la vida donde todo se mueve y conecta con el estancamiento de la muerte. Da igual que sean relaciones, emociones, objetos, sustancias o situaciones en las que estemos atrapados, el momento presente nos invita a resolver estas dependencias para continuar la marcha.

El dolor es intrínseco al apego y un aviso de que algo no funciona como debería y necesita revisión. La mayoría de las veces estas situaciones escapan a la conciencia porque no podemos ver la infinidad de hilos invisibles que estimulan el cuerpo de deseos y la emoción.

En el apego hay mucho drenaje de energía y cesión de poder con el desgaste físico, emocional, mental y espiritual que ello supone. Es una carga inútil que vamos atesorando para seguir alimentando al ego con dolor y sufrimiento.

Una de las exigencias que plantea la ascensión a la quinta dimensión es la sanación del cuerpo de deseos manifestando el desapego en cualquier circunstancia de la vida para recuperar el poder y la libertad.

Desapego significa que el deseo manifestado no se considera una posesión porque la intención de su creador es el bien general y no el bien egoísta personal. Es ir por la vida ligero de equipaje con el mundo emocional purificado después de haberse conquistado a sí mismo y haberse liberado de la tiranía y abuso del ego.

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El poder del Amor

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El impulso que nos lleva a nacer en la Tierra viene dado por el Amor más puro que alguien pueda imaginar. Cuando el alma está aún al otro lado del velo es capaz de ver la perfección y belleza de la Creación en todas sus formas y sentir la energía de Amor infinito que existe en ello. También puede ver cual es su papel dentro de ese Gran Plan, lo que debe realizar para que el engranaje divino siga funcionando y se reconoce como parte de un Todo indivisible, como una pieza única, imprescindible e insustituible. Y desde ese punto de claridad espiritual, toma la sagrada decisión de volver a la Tierra después de haber asumido cual es su misión y lo que tiene que realizar.

En su descenso al vientre de la madre elegida, el alma olvida lo que tan lúcidamente percibía en el mundo espiritual pero esa información permanece grabada en un lugar dentro de su pequeño corazón, en una cámara secreta que protege ese tesoro.

Desde el momento en que llega al mundo, el propósito de su alma es ir en busca del tesoro que guarda la clave de su memoria, que contiene la llave de la puerta que le conduce de nuevo a la realidad espiritual de su esencia. Y para ello crea un cuerpo físico que le permita navegar y superar los obstáculos que se le presenten a lo largo de su viaje.

Este barco puede perder el rumbo en el río de la vida hipnotizado por los placeres materiales y desviarse totalmente de la ruta del tesoro hasta que acaba por hundirse. O puede quedar anclado en alta mar y permitir que las olas lo golpeen porque prefiere hundirse antes que encontrarlo. O puede darse cuenta de que no es solamente un barco sino que dentro hay un capitán que conoce las leyes de navegación, sabe manejar el timón y tiene en su poder el mapa del tesoro. Y le cede el mando.

En manos del capitán se siente seguro y confiado, sólo tiene que dejarse llevar después de soltar las amarras que impedían su avance. Ahora puede sentir el Amor del capitán, cómo le ha salvado de la deriva y no desea volver a hundirse nunca más para que su capitán siga surcando los mares en busca de infinitos tesoros y hermosos lugares donde atracar para renovarse en aguas de vida puras y cristalinas.

Los dos comparten la visión de su misión y así el navegar resulta fácil y fluido, con los elementos a su favor y el Amor en la bandera. El barco cada vez se valora más a sí mismo por el servicio que presta al capitán porque se da cuenta de que sin él no podría alcanzar el tesoro y toma conciencia de su grandeza al haber descubierto que no estaba solo, que tenía un capitán refugiado en su interior esperando salir a cubierta.

Ambos se necesitan, uno es parte del otro y gracias a su encuentro navegarán por el firmamento con  las velas como alas sin nada que limite su libertad.

La liberación de la Tierra

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Todos estamos involucrados en estos momentos, seamos conscientes o no, en el proceso de liberación de la Tierra.

¿Qué significa esto? Que todas las historias deben soltar las memorias de dolor que acompañan las experiencias vividas en la oscuridad tal y como correspondía a una época que ya pasó. La Tierra comenzó su viaje de ascensión a un nuevo estado de conciencia donde los viejos dogmas, paradigmas y creencias no existen ya. Está escapando del holograma tridimensional para encontrarse con la Tierra real, la que siempre ha sido y será, que está esperando en otra dimensión donde solo existe el Amor.

La Tierra y la humanidad han vivido prisioneras en la materia por decisión voluntaria hasta que la luz espiritual volviera a iluminarlas y ese momento es ahora. Las tinieblas están siendo bombardeadas con el fuego del Gran Sol Central donde habita el Espíritu creador de nuestra galaxia  y todos estamos siendo afectados por esa energía que saca fuera lo que necesita ser esclarecido de la vivencia personal y planetaria. Podemos sentir incomodidad en diferentes aspectos de nuestra vida, trabajo, relaciones o enfermedad y esa es la señal de que algo debe ser liberado por no estar ya en resonancia con la nueva energía.

Pero detrás de todo ello, lo que mantiene el engranaje de esclavitud es el sistema de creencias implantado en las mentes que nos impide fluir libremente con lo que somos en esencia. El sistema de creencias se fundamenta en el miedo y a partir de él surgen las limitaciones que nos auto imponemos.

La liberación de la humanidad es la liberación del miedo para que cada uno vuelva a retomar su poder y crear la paz, el amor y la abundancia de la nueva Tierra en sí mismo.

Liberarse es abandonar la mente con su vieja carga de muerte, dolor y enfermedad y anidar en el corazón donde reina la alegría de vivir y felicidad más absoluta. La Tierra libre, el ser humano libre, viven en el corazón y ese lugar ya existe y allí tarde o temprano nos encontraremos todos para celebrar por fin la vuelta a casa.

El alma femenina en el hombre

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Al igual que la mujer, el hombre vive desconectado de su parte femenina por los mismos motivos que ella, por el sueño y el olvido que un día se adueñaron del género humano y relegaron esa mitad de su alma a la oscuridad de la sombra.

El principio femenino se manifiesta en la Madre Naturaleza con todos sus atributos divinos. Hombre y mujer necesitan conocer esa parte oculta a su conciencia para poder completarse como seres libres, independientes y amorosos. Los caminos para uno y otro son diferentes. La mujer es la misma naturaleza y lleva en sí todo ese conocimiento, por tanto ella sólo debe viajar a su interior y rescatarlo. El hombre entra en contacto con la naturaleza a través de la mujer, ella es la vía de entrada al descubrimiento de sí mismo.

El alma femenina en el hombre ha sido grabada por su madre durante la gestación, de tal manera que su visión de las mujeres va a estar siempre condicionada por esa información que la madre le dejó. Y ella realiza esa programación de acuerdo a su experiencia vital que puede haber sido maravillosa o no tanto. La mujer además lleva en su útero todas las memorias de la especie incluídas las de abuso y todo ese bagaje conformará el alma femenina de su hijo varón, por eso, hasta que él no haga consciente ese contenido, seguirá proyectando a su madre en cualquier mujer.

El camino de liberación del hombre es el camino de liberación de su madre para que pueda ver, honrar y respetar a la mujer como la Diosa que es. Solo asi podrá reconocer el Amor después de haber sanado la herida ancestral de la madre y trascendido el dolor y el miedo que marcan su alma.

El hombre siempre ha tenido miedo a la mujer y de ahí derivan sus comportamientos agresivos y machistas. Percibe en ella el inmenso poder de la naturaleza y se siente pequeño ante su grandeza como un niño asustado ante una sombra gigante que no puede controlar y pretende someterla por la fuerza, como si pudiera dominar volcanes, terremotos, maremotos y huracanes en una lucha de poder que impide su despertar como hombre auténticamente masculino porque la virilidad se desarrolla con la conquista de su propia naturaleza interior, con amor y perdón a la madre y a sí mismo.

El poder femenino de la naturaleza es algo sagrado que se consigue con respeto y humildad y está a disposición del hombre desde el momento en que él asume la responsabilidad de su crecimiento emocional abriendo su corazón y permitiendo el fluir de sus sentimientos. Así podrá ver a la Madre Divina dulce, amorosa y acogedora que se esconde detrás de la apariencia de su propia madre y del resto de las mujeres.

Asunción Chavarri