El alma femenina en el hombre

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Al igual que la mujer, el hombre vive desconectado de su parte femenina por los mismos motivos que ella, por el sueño y el olvido que un día se adueñaron del género humano y relegaron esa mitad de su alma a la oscuridad de la sombra.

El principio femenino se manifiesta en la Madre Naturaleza con todos sus atributos divinos. Hombre y mujer necesitan conocer esa parte oculta a su conciencia para poder completarse como seres libres, independientes y amorosos. Los caminos para uno y otro son diferentes. La mujer es la misma naturaleza y lleva en sí todo ese conocimiento, por tanto ella sólo debe viajar a su interior y rescatarlo. El hombre entra en contacto con la naturaleza a través de la mujer, ella es la vía de entrada al descubrimiento de sí mismo.

El alma femenina en el hombre ha sido grabada por su madre durante la gestación, de tal manera que su visión de las mujeres va a estar siempre condicionada por esa información que la madre le dejó. Y ella realiza esa programación de acuerdo a su experiencia vital que puede haber sido maravillosa o no tanto. La mujer además lleva en su útero todas las memorias de la especie incluídas las de abuso y todo ese bagaje conformará el alma femenina de su hijo varón, por eso, hasta que él no haga consciente ese contenido, seguirá proyectando a su madre en cualquier mujer.

El camino de liberación del hombre es el camino de liberación de su madre para que pueda ver, honrar y respetar a la mujer como la Diosa que es. Solo asi podrá reconocer el Amor después de haber sanado la herida ancestral de la madre y trascendido el dolor y el miedo que marcan su alma.

El hombre siempre ha tenido miedo a la mujer y de ahí derivan sus comportamientos agresivos y machistas. Percibe en ella el inmenso poder de la naturaleza y se siente pequeño ante su grandeza como un niño asustado ante una sombra gigante que no puede controlar y pretende someterla por la fuerza, como si pudiera dominar volcanes, terremotos, maremotos y huracanes en una lucha de poder que impide su despertar como hombre auténticamente masculino porque la virilidad se desarrolla con la conquista de su propia naturaleza interior, con amor y perdón a la madre y a sí mismo.

El poder femenino de la naturaleza es algo sagrado que se consigue con respeto y humildad y está a disposición del hombre desde el momento en que él asume la responsabilidad de su crecimiento emocional abriendo su corazón y permitiendo el fluir de sus sentimientos. Así podrá ver a la Madre Divina dulce, amorosa y acogedora que se esconde detrás de la apariencia de su propia madre y del resto de las mujeres.

Asunción Chavarri

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