El poder del Amor

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El impulso que nos lleva a nacer en la Tierra viene dado por el Amor más puro que alguien pueda imaginar. Cuando el alma está aún al otro lado del velo es capaz de ver la perfección y belleza de la Creación en todas sus formas y sentir la energía de Amor infinito que existe en ello. También puede ver cual es su papel dentro de ese Gran Plan, lo que debe realizar para que el engranaje divino siga funcionando y se reconoce como parte de un Todo indivisible, como una pieza única, imprescindible e insustituible. Y desde ese punto de claridad espiritual, toma la sagrada decisión de volver a la Tierra después de haber asumido cual es su misión y lo que tiene que realizar.

En su descenso al vientre de la madre elegida, el alma olvida lo que tan lúcidamente percibía en el mundo espiritual pero esa información permanece grabada en un lugar dentro de su pequeño corazón, en una cámara secreta que protege ese tesoro.

Desde el momento en que llega al mundo, el propósito de su alma es ir en busca del tesoro que guarda la clave de su memoria, que contiene la llave de la puerta que le conduce de nuevo a la realidad espiritual de su esencia. Y para ello crea un cuerpo físico que le permita navegar y superar los obstáculos que se le presenten a lo largo de su viaje.

Este barco puede perder el rumbo en el río de la vida hipnotizado por los placeres materiales y desviarse totalmente de la ruta del tesoro hasta que acaba por hundirse. O puede quedar anclado en alta mar y permitir que las olas lo golpeen porque prefiere hundirse antes que encontrarlo. O puede darse cuenta de que no es solamente un barco sino que dentro hay un capitán que conoce las leyes de navegación, sabe manejar el timón y tiene en su poder el mapa del tesoro. Y le cede el mando.

En manos del capitán se siente seguro y confiado, sólo tiene que dejarse llevar después de soltar las amarras que impedían su avance. Ahora puede sentir el Amor del capitán, cómo le ha salvado de la deriva y no desea volver a hundirse nunca más para que su capitán siga surcando los mares en busca de infinitos tesoros y hermosos lugares donde atracar para renovarse en aguas de vida puras y cristalinas.

Los dos comparten la visión de su misión y así el navegar resulta fácil y fluido, con los elementos a su favor y el Amor en la bandera. El barco cada vez se valora más a sí mismo por el servicio que presta al capitán porque se da cuenta de que sin él no podría alcanzar el tesoro y toma conciencia de su grandeza al haber descubierto que no estaba solo, que tenía un capitán refugiado en su interior esperando salir a cubierta.

Ambos se necesitan, uno es parte del otro y gracias a su encuentro navegarán por el firmamento con  las velas como alas sin nada que limite su libertad.

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