El miedo al cambio

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El cambio forma parte de la vida, es vida. El miedo que despierta cualquier modificación de lo que uno tiene estructurado a su alrededor o en su mundo interno es temor a vivir, a enfrentarse y disfrutar de la experiencia cotidiana con todo lo que ella trae de aprendizaje.

Resulta así una parálisis y estancamiento no solo en el ámbito que pide el cambio sino en la totalidad psicológica de la persona cuando decide cortar el flujo vital inherente al movimiento.

Hay mucha gente que alardea de su resistencia al cambio como si de una gran virtud se tratara sin darse cuenta de que detrás de ello se esconde algo más profundo que trata de evitar la realidad. No querer cambiar es querer morir y ese deseo inconsciente es transmitido a cada una de la células del cuerpo que se ven obligadas a ejecutar ese mandato.

La mayoría de las enfermedades tienen su origen en esta actitud contraria a la vida, al amor y a Dios, a quien irónicamente se responsabiliza de todos los males cuando es uno mismo desde su deshonestidad y su miedo quien rechaza el regalo supremo que Él le concedió.

Además de renegar de la vida, quien no admite los cambios trata también de controlarla creyendo que tiene poder sobre ella. Porque impedir el flujo de lo que viene es control, manipulación y la soberbia de colocarse por encima de las fuerzas superiores que dirigen la creación y la evolución de todas las formas de vida en el Universo.

La energía vital es TODO. Y quién puede adueñarse del TODO?

El miedo al cambio lleva en sí un ataque a la integridad física, emocional, mental y espiritual, es poner a las células en pie de guerra para que destruyan con violencia el don más preciado. Con esto basta para seguir manteniendo las guerras en el planeta que solo reflejan la propia guerra interior sea del nivel que sea.

El abuso ejercido desde instancias superiores sobre los seres humanos no es más que un miedo profundo al cambio que ya se manifiesta en la Tierra, miedo a perder el control de lo que es incontrolable y no admite manipulación porque está más allá del poder humano: el poder Divino.

El ego no quiere moverse de donde está, se siente cómodo en su oscuridad y teme quedarse ciego si abre los ojos a la luz, por eso grita y patalea como un niño rabioso, se siente atacado y se defiende con garras y dientes cuando percibe que algo quiere alterar su espacio.

Bailar al ritmo de la vida es invitar al ego a salir de su escondite y enseñarle los pasos al compás de la música para que vaya perdiendo el miedo y empiece a disfrutar de la danza de la vida eterna en perpetua evolución.

La obsidiana pone al descubierto las partes del alma que reclaman un cambio y hace aflorar el miedo para que pueda ser fácilmente liberado, porque el huevo abre la  puerta al observador y puede contemplarse esa emoción sin necesidad de dejarse atrapar por ella. El desbloqueo de esa energía restablece el flujo vital que se manifiesta en una mayor creatividad, alegría y ganas de vivir desde el amor del corazón y no desde el miedo y el dolor de una mente controladora.

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