Lo que se esconde tras el problema de la alimentación

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Lo que se esconde tras el problema de la alimentación

Todo el que alguna vez ha sufrido un problema con el alimento, se hace cargo de lo que eso supone cuando se relaciona con los demás y consigo mismo, porque no hay que olvidar que tal y como el hombre se maneja en el exterior, de igual manera lo hace en su interior.

La manera de ingerir el alimento está en relación directa con la necesidad de alimento materno y con la disposición a ser alimentado por la madre en cualquiera de sus maneras, ya sea a través de alguna sustancia que se considere adictiva, a través de la ayuda emocional, a través de la ayuda financiera o incluso a través de la misma comida. La consecuencia de dejarse alimentar por la madre más allá del periodo de lactancia, desarrolla el vínculo de dependencia que no ha sido contemplado por los expertos como un problema de salud al que hay que encarar de frente si se quiere entender el proceso de liberación del ser humano.

La ayuda emocional que se solicita al entrar en conflicto con la parte de uno mismo que busca a la madre, entra en contradicción con la necesidad de ser libre que se le plantea al individuo una vez alcanzado su periodo de madurez y su posterior inserción en la sociedad como ser adulto. La historia de la evolución humana ha dado muestras de poco desarrollo emocional a la hora de enfrentar la vida, en la medida en que no se relaciona lo que ocurre con la capacidad de uno mismo de crearlo y traerlo a la realidad, así como tampoco se relaciona el desenlace final de un acontecimiento con el resultado que se ha perseguido para acceder al conocimiento de algo nuevo. Y es por eso que el hombre no discrimina, desde el punto de vista de la conciencia superior, entre la verdad o la falsedad de lo que se le presenta para resolver o ser tenido en cuenta en el momento de vivir la experiencia, ya que lo que para uno puede resultar de su agrado, no lo es así para el otro, que busca la manera de zafarse y evitar el control de la prueba a la que es sometido por la Madre Tierra para determinar su capacidad de aguantar el dolor y dejarlo de lado.

La madre no es consciente del daño que provoca al hijo cuando no le deja alimentarse por sí mismo a la hora de entrar en contacto con la vida que ella misma le ha dado para que la viva a su manera y no para decirle cómo ha de hacerlo, porque en ese caso está incumpliendo con su mandato divino de ayuda al hijo desde su papel de madre del cielo, que no duda en sacrificar el impulso materno de hacer cualquier cosa por él para evitarle el sufrimiento y se aleja de su lado con el fin de que aprenda la lección que la vida le trae sin intervenir en cómo se ha de resolver el aprendizaje.

Cuando en el momento de la concepción no se ha deseado traer ese hijo al mundo, se produce un cortocircuito emocional entre ambos cuando se relacionan entre sí, con el fin de no ser libres el uno del otro y mantenerse unidos por el cordón umbilical que les garantiza la dependencia de por vida. El conflicto de separación de la madre cuando se trata de un hijo varón, se multiplica a la hora de buscar una pareja porque en ese momento la madre se hace presente en el inconsciente para decirle al hijo cuál es la mujer más adecuada para él, que no siempre es la que debería ser para su mayor bien sino la que la madre desea por ser como ella.

Cuando se entabla la relación hombre-mujer, ninguno de los dos se percata de lo que se esconde tras el comportamiento de cada uno y no se dan por aludidos cuando se les recrimina desde algún otro lugar de la conciencia para que se retomen mutuamente en sus papeles de seres de diferente sexo que se unen para ser uno solo en régimen de igualdad, dejando fuera a la madre y al padre como parte de la pareja. Cuando un hombre y una mujer se dan cuenta de sus respectivos papeles en igualdad de condiciones, se produce el milagro de la entrada del hijo en el canal de luz de la madre a instancias de ella y se aventuran a jugar en el juego de la vida y a descubrirse el uno al otro tal y como son de verdad, al margen de los estereotipos que les han sido grabados por los padres.

La madre del hijo que aún no se ha liberado de ella, se relaciona con la mujer que él ha elegido como compañera con la energía del desamor y con la falta de conciencia de no verse a sí misma reflejada en la persona que tiene enfrente, porque si hay algo que la madre no sabe es que mientras el hijo sea dependiente de ella, le está vetada la entrada a la dimensión del Amor donde no hay esclavitud de ningún tipo y todo se resuelve desde la libertad del alma y desde la luz de la falta de control de la energía de los demás.

El poder de la madre para manipular a los hijos hace que éstos se desvíen de su camino de vida y se conviertan en marionetas del destino, lejos de lo que más les conviene para desarrollarse como personas individuales que no necesitan más que un empujón de amor y comprensión de lo que ellos han venido a realizar en la medida en que hayan sido apoyados por los padres sin haber intervenido en lo que los hijos decidan por sí mismos.

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El poder de la luz en la madre

En la madre se da también el poder de la luz desde el momento en que despierta a ser consecuente con el dolor que le ha creado al hijo por su falta de amor, en la medida en que ella misma no ha sabido cómo desarrollarlo en su interior y desea reparar el error del desamor con la entrada en la luz de su alma, con la esperanza de que el hijo sea capaz de retomar su papel en la vida al margen de ella. Desde el momento en que la madre se despreocupa del hijo, la nueva vida que les espera hace su aparición y mientras la madre se coloca en el papel de Madre Divina, el hijo se encuentra consigo mismo para vivir la existencia que le corresponde por decisión propia, a la vez que se encarga de desarrollar el papel que le ha sido otorgado en virtud de su evolución espiritual, que no se reconoce a simple vista pero sí en los niveles internos del alma donde se encuentra desplegado el plan de vida de cada uno.

El silencio del alma es el resultado de la intervención de la madre en el aura del hijo y es por eso que no se puede remediar el error de la manipulación sin el consentimiento de ambos para liberarse el uno del otro, porque si uno de los dos no estuviera de acuerdo en ser libre, el otro dejaría de serlo a su vez por la mutua dependencia de la energía del desamor. La parte que a la madre toca en este proceso es la de darse cuenta de lo que se ha perdido por el hecho de no haber sido capaz de atender a su hijo desde el corazón y no desde el dolor de la mente, que no ha sabido cómo responder a sus requerimientos de amor a todas horas, con la intención de que la madre fuera consciente de que no era eso lo que él deseaba para obligarla a corregirlo.

El conflicto que se le presenta a la madre a la hora de cuidar al hijo que acaba de nacer, es el mismo que se le presentó a la suya propia cuando ella nació y así la historia se vuelve a repetir hasta que alguna de las dos se conecta con su Alma de Luz y se pone de acuerdo en su interior con el alma del hijo para solucionar el conflicto que les ha venido separando durante generaciones de desamor y falta de atención real.

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La manipulación del hijo a través del alimento

En la naturaleza animal se puede observar que la mayoría de las especies no desean el alimento materno después de un corto periodo de tiempo y con esa decisión los pequeños se alejan de las madres para buscarse la subsistencia por sus propios medios sin la ayuda de ellas. Ocurre lo contrario en el caso de los humanos, a pesar de ser una de esas especies a las que nos referimos, por haber sido educados en el convencimiento de que no lo son y de que hay algo superior que les diferencia, como así es, pero a la vez no hay que olvidarse de que todo lo que hacen en el inconsciente está determinado por la parte de su alma animal.

El complejo de Edipo tanto en el hombre como en la mujer entra en vigor desde el momento en que la madre decide alimentar al hijo con el pecho materno más allá del tiempo establecido por la Madre Naturaleza, que en algunas otras especies se sitúa en torno a los dos meses, porque ahí es cuando la relación madre-hijo se convierte en dependencia y en lugar de ser alimentado desde el amor, lo es desde el resultado del vínculo creado por la madre al creer que hace lo correcto. A la madre que no es capaz de soltar al hijo en el alimento le será muy difícil liberarse de él, a pesar de lo que se piense en la actualidad con respecto a la lactancia materna, porque lo que se pretende a través de la inculcación de esa idea en las mujeres, es crear hijos dependientes para que no puedan llevar a cabo su misión de liberar al planeta de la esclavitud de la materia densa, que es el mensaje de luz que ellos traen si se les deja llevarlo  a cabo a través de la retirada de la leche materna a su más temprana edad y la sustitución por algún otro alimento de carácter natural que no haya sido manipulado por el hombre.

Cuando al bebé se le permite seguir alimentándose del pecho, se produce la descomposición del germen de vida ubicado en el espacio intercostal cerca del bazo, que se utiliza para elevar el nivel de conciencia a lo largo de la vida y para entrar en la dimensión de la Luz y el Amor, también llamada quinta dimensión. El espacio del que hablamos tiene su correspondencia en el corazón, en el lugar que tiene por nombre “espacio sagrado del corazón” o “cámara secreta del corazón” y allí es donde hay que dirigirse una vez se haya resuelto el conflicto de separación del alma y el problema de la dependencia con la madre.

El bebé al que se le priva de entrar en el espacio sagrado de su corazón a causa de la alimentación excesiva del pecho de la madre, se convierte en un adicto a ella y a todo tipo de sustancias que le recuerden a ella, con el uso excesivo de drogas y alcohol, así como el uso de la violencia, la agresión y el victimismo como formas de comportamiento que le recuerdan a la madre en su empeño de ser alimentado por la fuerza.

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La madre y el hijo cuando se unen en el Amor

La parte del alma que representa a la madre, ha de encontrarse con la del hijo a la vez que se reconocen mutuamente como parte del mismo Todo en el que se hallan inmersos por propia decisión, pero para eso resulta necesario el haberse liberado del vínculo de dependencia que les ha mantenido unidos a lo largo del tiempo de estancia en la Tierra, al haberse dado cuenta de que los dos son Uno y de que el hijo está en el interior de la madre al igual que ella en el interior de él y que todo lo que se realiza en el exterior a través de los hijos, es únicamente un reflejo de la propia vivencia a la que es necesario prestar atención para ser sanada de una vez por todas.

Cuando la madre y el hijo se unen en Amor, la luz entra en ellos para no apagarse jamás y recorrer juntos el camino que Dios les ha encomendado como misión de vida y apoyarse en las decisiones que ambos han de tomar después de haberse liberado de la esclavitud de la materia y después de haberse servido como Maestros de Luz el uno para con el otro.

Al final del recorrido por la materia, el Cuerpo de Luz de la madre se une al Cuerpo de Luz del hijo y se reconcilian en las esferas superiores del alma en donde siempre han estado unidos al margen de la materia que les separó y se disponen a emprender una nueva vida en común para recordarse en la dimensión del Amor a la que pertenecen, con la conciencia despierta de estar en el lugar que les corresponde y de ser Uno en todo lo que hagan sin interferencias de nadie que se lo impida.

AUTORA: Asunción Chavarri

www.elcuerpohumanodequintadimension.com

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